miércoles, febrero 13, 2008

Post para los amigos solitarios

Yo no celebraré el día de San Valentín. No me preocupa en absoluto, porque el 14 de febrero, para mí y para algunos de ustedes, corazones solitarios, este jueves no se aleja de otros 14 de febrero pasados donde nos dimos cuenta que estábamos solos.

El 14 de febrero decimos, es el día de la exclusión, el día donde sólo se cuenta de par en par, el día donde más se mira el cielo, donde más se vive de noche. Ese día el número uno no vale, y el tres sale sobrando. Pero hay, amigos mangaches, muchos “unos” regados por ahí, muchos “tres sobrantes” que buscan uno más. Este post es para ellos, para nosotros.



Porque si el 14 de febrero es el día del amor, donde los impares somos excluidos, siempre hay una idea revolucionaria que va en contra del sistema. Esa idea tan sencilla y gratificante para los corazones solos, es celebrar el mismo 14 de febrero el día de la amistad. Un día con 2 caras de distinto color. Un día que para los amantes es un círculo cerrado, egoísta y excluyente; para los amigos sin embargo - ese conjunto de “unos” y de “sobrantes tres” – goza de otra cara 180 grados opuesta: es un día de integración, del compartir máximo, un círculo que tiende a hincharse y reventar.

Es el día, por ejemplo, para saludar a cada uno de tus contactos del messenger con un simple zumbido o con un salud de una chela virtual – sobre todo a los que están lejos - para llenar el casillero de mensajes del celular y para mandar timbradas misias a tus patas que se reirán y se acordarán de ti. Es el día para que los patas del alma se reúnan a tomar unas rubias bien al polo en el Mega, en casa de Maricarmen, en el Avispón y los que están en Lima, en el Pollos Piers. Para abrazar a todo el que se te cruza en el camino, al mejor estilo de los “Free Hugs”. Para hablar con ese (a) que te peleaste hace ya un año, tal vez un poco más, pero que no olvidas y con quien adorabas conversar. Para llamar a quien siempre llamas y tratarlo bien aunque sea por este día jueves.

Es el día perfecto para un chapuzón en casa de Gallito, para inventar más bailes que los del celular, del charapa o del ahogado. Para perdonar al pataza Lorni por ser tan malo jugando fulbito. Para que Joba hable inglés toda la madrugada y acabe a punta de pitazos dirigiendo el tránsito perdido de Piura. Para que Peric se dé el gusto de seguir tragando cualquier cosa de manera singular. Para que Moto no salga corriendo terminada la chupeta.

Es el día para llamarte, mi querida “S” y conversar largo y tendido, escuchar tu voz y romper en llanto.
 
 

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viernes, enero 25, 2008

Primera carta que no enviaré

Este texto lo tengo en mi bandeja de Borradores hace casi dos semanas, aun no me atrevo a mandarlo. ¿Qué espero? Un simple Sí.

Guardado en la carpeta de Borradores (1):

Hoy me di cuenta que soy un cobarde. Me refugio tras las palabras porque sé que es una de las pocas cosas que sé hacer bien. Pero quizá esté bien - digo, hacerse el cobarde – al enfrentar algo tan grande, tan complejo y tan particular en cada experiencia como es el amor.

Un sentimiento con demasiadas tonalidades, que generalmente empieza siendo de colores tenues – en la etapa inicial de dudas y cuestionamientos – y llega a transformarse en un rojo intenso capaz de destruir el mundo y romper corazones (o tal vez juntarlos, ¿por qué no?); y en esta etapa – la del rojo intenso – es lo único que nos mantiene vivos.

En mí, estas 4 letras están cambiando de color muy rápido, se están volviendo rojo intenso y me da miedo, temor, pavor. Miedo porque dejé de enamorarme hace mucho; miedo al rechazo de quien se espera una respuesta – una respuesta que demora y emociona al corazón – miedo a enfrentarme al cambio; pero sobre todo miedo a volver a quedarme solo.

Ese temor cobarde que no me deja decirte frente a frente mi querida "S" muchas cosas: decirte por ejemplo que me maravilla tu sonrisa, con ese punto exacto tan cuidado entre sonrisa y carcajada; que tu forma de ser me llama mucho la atención y me hace pensar que debo conquistarte; que esos días de playa, con depresiones inusuales, debí acercarme más para darte señas de mi interés por ti; que ha sido gracias a ti que los colores grises se han alejado de mi vida y que los colores cálidos, rodean mi corazón rojo intenso y llenan los espacios fríos que eran muchos en mi pequeña habitación.

Que mis pensamientos giran alrededor de una imagen tuya que me acompaña desde que el sol sube a los cielos y que incluso en estas noches de verano agitadas por el excesivo calor, la idea de tu sonrisa hace de mis días proyectos de vida distintos, positivos y animosos.

¿Cuándo te veré? ¿Es que acaso también soy un cobarde para no mirar el rostro por el cual ahora vivo? ¿Esperaré sentado, otra vez, viendo pasar a lo lejos a la persona que puede ser parte esencial de mi vida? ¿Esperaré que se pierda en ese horizonte lejano donde no se distingue el cielo del mar? ¿dejaré que se oculte con el sol y permita que la oscuridad de la noche me trague? ¿dejaré que esa sonrisa divina que se ha puesto en mi camino me dé la espalda? ¿O me levantaré incendiando mi corazón, en cada paso en que me acerque a ti, sin saber si encontrará refugio junto al tuyo o estallará en pedazos de desilusión?¿O tal vez alucinando si tu mano acogerá la mía y mis ojos se encontrarán con tu mirada?

Esa respuesta no la conozco, solo tú mi querida "S" la puedes saber.

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